Según un artículo en Christianity Today [Cristianismo Hoy Día] de agosto 2013 por Dorothy Greco, “Servicios ‘sensitivos’ originalmente prometían atraer y restaurar las personas ‘post-modernas’ al redil. Echaron los sermones exegéticos formales de 45 minutos a través de sus coloridos vitrales, y los sustituyeron con charlas cortas o relatos que pudieran responder a las ‘necesidades’ de los congregantes, a la vez que reforzaban la premisa de que seguir a Jesús mejoraría su calidad de vida. Música de adoración más contemporánea penetró los medios populares, y ese nuevo modelo influenció a la iglesia para que adoptara un estilo de música a manera de concierto rock. Finalmente, programas para grupos demográficos proliferaron para bregar con sus necesidades específicas, como las Madres de Preescolares y los Motociclistas. Ninguno de esos cambios realmente era peligroso o mal-intencionado. En el caso de mi previa iglesia, el modelo ‘sensitivo’ comenzó inocentemente. Los líderes trataron de crear una amplia entrada [hacia la iglesia] para las personas que de otra manera la ignorarían a favor de 'Starbucks'.”
Durante los primeros años de la Iglesia, los cristianos enfrentaban muchos de los mismos problemas modernos. ¿Cómo podrían hacer que el mensaje fuese relevante a más personas? ¿Cómo podrían hacer que ese nuevo grupo de creyentes no-judíos fuese integrado? El apóstol Pablo parecía defender una nueva forma de ser para los nuevos creyentes. Poco después de la época apostólica, los líderes de la Iglesia tomaron muchas decisiones para que el mensaje fuese más relevante a las poblaciones gentiles (griegas y romanas), dejando atrás muchos aspectos de la adoración bíblica. Veamos algunos de los problemas.
Problemas Tempranos en la Iglesia
Hechos 15 habla de asuntos semejantes: “Pero algunos de la secta de los Fariseos que habían creído, se levantaron diciendo: ‘Es necesario circuncidarlos [a los creyentes no-judíos] y mandarles que guarden la Ley de Moisés.’” (Hechos 15:5). De esta manera, algunos decían que los creyentes gentiles tenían que hacerse judíos, porque la circuncisión era como una palabra representativa de la conversión. La circuncisión era señal de pertenecer al Pacto con Dios. En el mundo judío, eso es aún cierto: todo varón judío debe ser circuncidado y de esa manera entra bajo el Pacto, y todo varón convertido al judaísmo también debe ser circuncidado. Pero según Pablo, no era necesario que los gentiles se convirtiesen al judaísmo porque Dios ya les había demostrado Su amor al derramar Su Espíritu sobre ellos.
¿Qué quería decir Pablo con que la incircuncisión era nada? La circuncisión era uno de los mandamientos de Dios. Eisenbaum continúa diciendo: “…era realmente uno de los más importantes mandamientos para cualquier judío en el tiempo de Pablo. Pero era visto como uno de los distintivos como identidad judía, y necesario sólo para los varones judíos.” La autora argumenta: “El punto de Pablo era que Dios no requiere lo mismo de todas las personas en todos los tiempos. Por ejemplo, los sacerdotes tenían que obedecer una serie de leyes de purificación que no aplicaban a todos los israelitas por igual. Ya que sólo los judíos tenían que ser circuncidados, los gentiles seguían la voluntad de Dios al no ser circuncidados.”
Levine propone que Pablo no creía necesario que los nuevos creyentes gentiles se hicieran judíos en base a la teología judía respecto al mundo por venir (la Era Mesiánica). Según Levine, los gentiles podrían convertirse formalmente, o simplemente ser temerosos de Dios sin atravesar la conversión si se conducían justamente. Ella dice: “Pablo, siendo un buen judío, sabía acerca de gentiles justos. También sabía que el Dios de Israel era el Dios de los gentiles, y que los gentiles, por ser gentiles, aceptarían esa verdad teológica en los postreros días. En otras palabras, para Pablo, los gentiles entrarían al Reino Mesiánico como gentiles; ellos no tendrían que ser judíos para poder tener una relación correcta con Dios. El Talmud Babilónico, un compendio de la ley judía, concuerda con él, porque dice: ‘Personas justas de todas las naciones tendrán parte en el mundo porvenir (Sanhedrin 105a)’”.
En Hechos 15, Jacobo (Santiago) respondió a la discusión y la terminó con una declaración interesante, luego de enumerar una serie de requerimientos para los creyentes gentiles: “Porque Moisés desde generaciones antiguas tiene en cada ciudad quienes lo prediquen, pues todos los días de reposo es leído en las sinagogas” (Hechos 15:21). Recuerde, en ese tiempo no existían iglesias. Los creyentes adoraban a Dios en las sinagogas o en sus hogares. La única otra opción era ir a los templos paganos. Hechos 15 prohibía a los creyentes no-judíos participar en los ritos paganos (incluyendo orgías sexuales) de los falsos dioses. Parece que Jacobo asumía que, aunque no se convertían al judaísmo con la circuncisión, ellos aprenderían sobre la Torá porque escucharían las palabras de Moisés cada semana en las sinagogas. ¿Será posible que esa decisión registrada en el libro de los Hechos era una manera de ser “sensitiva,” como se llamaría hoy día?
Adaptaciones a la Cultura Romana
El profesor Skip Moen, de la Escuela Internacional de Divinidad del Maestro (Master’s International School of Divinity), enseña que había tres cosas en la fe y práctica judía durante la época romana que eran vistas como raras (y quizás ofensivas) para los romanos: la circuncisión (considerada como barbárica), la prohibición de comer cerdo (que gustaba mucho a los romanos) y la observación del shabat (o sábado) y días festivos (que les parecía una mera vagancia). El Concilio de Jerusalén removió todas esas piedras de tropiezo.
No obstante, debemos apreciar el hecho de que Dios dirigía a los apóstoles con una estrategia para alcanzar al mundo con el Evangelio. “Después de esto volveré, y reedificaré el tabernáculo de David que ha caído. Y reedificaré sus ruinas, y lo levantaré de nuevo, para que el resto de los hombres busque al SEÑOR, y todos los gentiles que son llamados por mi nombre” (Hechos 15:16-17, citando a Amós 9:11-12). El plan de Dios era bueno. Pero en mi opinión, en generaciones por venir, los hombres se alejaron demasiado del plan de Dios.
Las Próximas Generaciones
A medida que creció la Iglesia, la mayoría de los miembros llegaron a ser gentiles, y el carácter judío de la primera Iglesia comenzó a cambiar. Como es natural, la cultura de la época comenzó a penetrar la Iglesia. Consideremos algunas cosas que ocurrieron.
El Shabat
Uno de los Diez Mandamientos es que se guarde el shabat. Sin embargo, el shabat era una realidad previa a la Ley Mosaica. En el relato de la Creación, Dios descansó en el shabat, el séptimo día. Por miles de años, los judíos han mantenido ese día sagrado para el Señor. Muchos pasajes bíblicos mencionan el hecho de que Yeshúa se encontraba en la sinagoga durante el shabat. Al principio, la primera Iglesia también adoraba en la sinagoga en el shabat, además de reunirse el domingo en las casas, ya que era el día de la resurrección de Yeshúa. Luego de cierto tiempo, el domingo llegó a ser el único día de adoración para el cristiano.
¿Pero cómo fue percibido eso por la comunidad judía? Marvin Wilson explica lo siguiente: “Por siglos, la comunidad judía ha interpretado la decisión de adorar el domingo como un rechazo de la propia esencia de la experiencia judía, un rechazo de la Ley. Esa decisión de adorar el domingo hizo que fuese extremadamente difícil, si no imposible, que el judío prestara seria consideración al mensaje cristiano, e incluso que entrara en diálogo cristiano-judío con libertad.”
Yo, personalmente, no tengo problemas con adorar el domingo. De hecho, creo que debemos adorar todos los días de la semana. Sin embargo, ahora que vivo en Israel y experimento lo que es adorar el sábado mientras toda la sociedad detiene su trabajo, me fascina la idea de que Dios diera el shabatcomo un regalo al ser humano. Era un concepto revolucionario en el antiguo mundo, y en total concordancia con Su carácter misericordioso de destinar un día en la semana para descansar. Cuando viajo al exterior, el shabat es lo que más me hace falta.
Fiestas Bíblicas
Consecuencias
Las acciones descritas en este estudio podrían describirse como medidas para de-judaizar la fe, en vez de medidas anti-judías. Tristemente, así no sucedió más adelante. Marvin Wilson dice: “Para mediados del segundo siglo, los escritos de los Padres Eclesiásticos revelan considerable antagonismo entre los cristianos gentiles y los judíos… La posición de la Iglesia era decididamente en contra de la Sinagoga. Mientras que una nación gentil tras otra respondía positivamente a la expansión misionera cristiana, la Sinagoga continuaba aferrándose tenazmente a su fe ancestral, dejando a una Iglesia cada vez más frustrada y amargada.” Con el paso de los siglos, la distancia entre la hija cristiana y la madre judía aumentaba hasta que ya no tenían parecido entre sí, a pesar de que compartían un mismo libro (Tanaj) y una misma fe en el Dios de Israel.
Hoy día, muchos creyentes descubren las raíces hebraicas de su fe y cuestionan algunas de las decisiones de los Padres Eclesiásticos. También procuran maneras de dialogar y aprender de sus hermanos judíos.
¿Sensitivos?
Pamela Eisenbaum, en otro libro titulado Paul Was Not a Christian [Pablo No Era un Cristiano], dice: “Sencillamente, los cristianos por siglos han leído a Pablo de manera equivocada. Esa mala interpretación con un concepto degradado del judaísmo fue lo que condujo con demasiada frecuencia a las peores manifestaciones de anti-judaísmo cristiano… Es tan esencial que los lectores modernos noten que Pablo escribió a comunidades específicas de creyentes, a personas con quienes tenía una íntima relación. Aún en su propia época, la audiencia a la que Pablo hablaba no era la Iglesia universal, sino iglesias específicas.” Debemos recordar que sólo tenemos una mitad de las conversaciones. Las cartas de Pablo a veces son denominadas como “Literatura de Respuesta Rabínica.” Respondía a las preguntas y los problemas de las nuevas congregaciones que fundó. Nosotros no tenemos las preguntas; sólo tenemos las respuestas.
¿Y a Dónde nos Dirigimos?
En humildad y amor, debemos abrazar nuestras raíces, pero sin negar nuestras creencias cristianas. Debemos discernir en oración entre lo que es una simple costumbre humana (aunque tenga cientos o miles de años) y la verdad bíblica. Debemos descubrir el mundo de tiempos bíblicos a medida que comprendamos las verdades del Reino, que fueron generadas en la tierra de Israel por medio del pueblo judío con la inspiración del Espíritu Santo. También debemos procurar desarrollar relaciones genuinas con nuestros hermanos judíos.
Por Rebecca J. Brimmer